La necesidad de perderse

Parece ser que cuando creemos que tenemos el control en nuestras manos, un pequeño movimiento en la vida hace que lo pierdas.O  quizás era una fantasía, nunca tienes el control de nada. Justo en ese momento donde pensaba que todo iba sobre ruedas, te pierdes.

Todos conocemos esa sensación, angustia de no saber donde estas, y que dirección tomar, temes coger un camino erróneo, o que no encuentres nadie. 

Y la verdad es que la vida es tan sabia que hace lo posible para que no encuentres a nadie y saborees la autentica soledad mientras te pierdes.  Imaginaos un bosque frondoso que solo se escucha el ruedo del viento que pasa por la copa de los arboles. Los arboles no dejan ver mucha luz, pero lo suficiente para verte, la niebla invade tus pies por todo el bosque. Cualquier lugar te parece igual que el anterior. 

Pero los valientes, saben que ese miedo les paraliza, les bloquea hasta la respiración. Un sudor frío les recorre la nuca pasando por toda la espalda, el estomago se encoge provocando que tu posición se agache. Tu mente sigue inventando fantasías negativas para que sigas sin poder moverte.  Pero algo te empuja hacia arriba, a que comiences a andas un inmenso calor que sale del pecho te dice que andes, que sigas caminando que no hagas caso nada.

Te dispones a levantarte, a prepare aunque el miedo se susurra al oído ” No puedes”. Para algo mucho más fuerte te dice “adelante”. Y cobra más fuerza la última por que sale dentro de tí. 

Comienzas a andar y aparece la intuición te coge de la mano y te dice sigamos juntos. Y vas saliendo de la niebla. Los arboles son cada vez menos… Pero a aparece la duda, con millones de preguntas que incluso unas se pisan a las otros incapaz de escucharlas a todas.

El cansancio puede conmigo la intuición se aleja, pero me vigila. Me apoyo en un árbol, necesito escucharme, lo más profundo de mi. Aparece el silencio.

Siento la necesidad de dormir una larga siesta, me recuesto me tapo con la protección…

No hay final a esta historia… por ahora. A veces necesito perderme para saber quien soy y hacia donde voy. Cada cierto tiempo me emprendo en un viaje hacia misma, a veces por petición propia otras veces es la vida.  Y ahora en una época que tengo responsabilidades que pueden marcar mu futuro, decide la vida que debo perderme. Pero quizás es donde está la magia del aprendizaje, perderse en momentos clave.

Pikotilla.

 

Foto: Silvia Portero  

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Me converti en humana

Cuando dejas de ser una princesa, para convertirte en humana. Una vez que sigues caminando hacia ese sendero no hay vuelta atrás. No aparecen príncipes, ni dragones, ni castillos, ni canciones románticas. Simplemente aparece el sonido de la realidad de la rutina, de tu vecino arrastrando los muebles, del sonido de los niños en las calles jugando, nada distorsiona la realidad. Las canciones que hablaban de amor romántico dejaron de gustarte, dejaron de impresionarte, deja… ya no dejan nada en tí, te parecen panaceas musicales y mentiras que engañan al corazón, no hay vuelta atrás.

Los dragones dejaron de importunar tu camino, pues venciste sola a tus miedos, tus creencias sobre el amor romántico y todo el reality show que se montan entorno a ello.Ya nada te detiene tus pies sobre la tierra. Prefiero ir descalza que calzarme tacones que no me dejan ser estable en la vida. He soltado los accesorios de la esclavitud del canon de la belleza , para liberarme y ser yo misma. Deje los trajes vaporoso, y corsé que me asfixia, me ahogaba, me … me oprime mi libertad.

Deje en el castillo a las hadas fantasiosas, pero si me lleve conmigo a las madrastras, brujas, pues ella también tenían ganas de libertad. Nos unimos todas con la mayor fuerza jamas contada, de esas que te erizan la piel.

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Deje de creer en príncipes que me rescatarán, rompí los cuentos que me contaron de pequeña y aunque me seguía contando yo misma, por eso quizás no mendigo amor más, no mendigo trozos de migajas de nada. Quizás por eso soy una extraña entre tanto príncipe en este mundo y ellos no entiendan nada, no comprender mi forma de amar, mi  nueva forma más sana de querer, de como concibo las relaciones, de como quiero seguir con mis alas desplegadas y seguir volando. No quiero príncipes, no quiero hombres que me amarren las alas, quiero compañeros de aventuras que me sumen y que no me resten nada de lo que soy y seré.

Susana